“Pacto social”: ¿oportunidad o desvío?

Martes 08 de Diciembre de 2009 13:46 Rafael Bernabe Artículos
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Ante la crisis que vive el país, el empresario Atilano Cordero Badillo –propietario de la cadena Grande-- llama a la discusión de un posible “pacto social” en Puerto Rico. La revista Negocios, vinculada a El Nuevo Día, convoca una mesa redonda para discutir el tema, en la que participan, entre otros, el líder sindical Federico Torres Montalvo. Varias columnas en la prensa aplauden el esfuerzo y discuten la metodología idónea para ponerlo en marcha. (Estos y demás documentos citados están al final del texto). El concepto da muestras de tener cierto eco. A primera vista la idea parece inobjetable: ¿quién puede oponerse al diálogo, la colaboración y la búsqueda de “acuerdos para el desarrollo”?

La cosa, sin embargo, es más complicada. Para no andar con rodeos: considero que en este momento la idea de tal “pacto” tan sólo puede alejarnos de una consideración seria y realista de los problemas del país. Para empezar promueve la confusión y la poca claridad ante tres problemas fundamentales: las causas de la crisis que vive el país, el tipo de solución que esa crisis exige y los sectores o agentes sociales que pueden convertir esa solución en realidad. En lo que sigue toco rápidamente estos temas, aunque de manera esquemática, para no alargar demasiado la exposición.

Leyendo la discusión sobre un posible “pacto social” parecería que el problema de Puerto Rico se debe a que los diversos sectores se están “distanciando”, a que “no existe voluntad a sentarse a la misma mesa”, a que no existe “disposición de escuchar y llegar a acuerdos que perduren”, a que “estamos demasiado politizados y ponemos el partido” antes que el desarrollo del país. La última explicación es muy común: se aprovecha el poco prestigio que tienen los partidos en Puerto Rico para convertirlos en causa de la crisis. ¿Y quién en Puerto Rico va a salir en defensa de los partidos? Sin embargo, la realidad es que, con todos sus males, los partidos no son la causa de la crisis. La causa tampoco es la "politización", ni tampoco la falta de diálogo. La crisis que vive el país tiene varias dimensiones, entre ellas la crisis presupuestaria y el impacto de la crisis global del capitalismo. Pero nadie puede negar que con 10% de desempleo, Puerto Rico desde antes de 2009 ya presentaba síntomas del agotamiento de la estructura económica que caracterizó al país en las últimas décadas.

Un buen sitio para empezar a discutir esto es recordar que Atilano Cordero ha convocado al “pacto social” invitando a una conversación entre todos los sectores “productivos” del país. ¿A que se referirá el empresario con la frase “sectores productivos”? Habría que preguntarse qué produce Grande. O qué produce el Banco Popular. O qué produce Plaza las Américas y las empresas Fonalledas. Como hemos indicado en otros artículos: si algo caracteriza a la clase capitalista puertorriqueña es lo poco que tiene de productiva. Es una clase que desde hace un siglo se ha conformado con los espacios que le deja abiertos la presencia o la presión del gran capital norteamericano. Lejos de orientarse a la producción, se trata de una clase empresarial que se ha ubicado en el comercio, finanzas, servicios a ese capital y algunas actividades que no se pueden o es difícil suplir con importaciones (lácteos, preparación de comidas en restaurantes, etc.) o dependen de recursos del país (turismo, por ejemplo). Es una burguesía que compra y vende, cobra renta e interés, maneja fondos, da servicios (legales, reparaciones, mantenimiento, etc.) a las empresas multinacionales, pero tiene una raquítica base productiva. Es una clase empresarial que nunca ha sido capaz de articular un proyecto económico (o de gestionar los poderes políticos que necesitaría) que pudiera precisamente dotar al país con una base productiva mínimamente coherente. Baste mirar la ausencia de agricultura vigorosa en Puerto Rico, de industria de transformación de productos agrícolas, de industria orientada al mercado interno para ver lo poco que el adjetivo “productivo” corresponde a nuestros empresarios criollos. En otro artículo también ofrecimos otro ejemplo: durante la era de las 936 los bancos en Puerto Rico –para empezar el Banco Popular—contaron con depósitos de miles de millones de dólares que debían emplearse para desarrollar la economía de la isla. ¿Acaso se usaron para impulsar un proyecto de desarrollo coherente del país? En lo más mínimo: se fueron las 936 y el país se quedó como cuando se fueron las centrales, o las petroquímicas. Se quedó sin nada como base para un desarrollo económico autónomo precisamente porque nuestra clase dirigente, los Cordero, Carrión, Fonalledas y demás, son una clase parasitaria, con todos los vicios de la burguesía a la hora de regatearle condiciones de vida a los asalariados y sin ninguno de sus méritos a la hora de dotar al país con una base productiva.

No voy entonces a rechazar el "pacto" de entrada, pero advierto que el "pacto" no va a ningún sitio, o será un engaño, si no reconocemos que el país necesita no más cantos al mercado sino un plan económico de desarrollo autónomo, dispuesto a enfrentar las fuerzas económicas y políticas que han impedido tal desarrollo en el pasado. Para dar un ejemplo: ¿estará dispuesto el proponente del "pacto" a empezar a imponer contribuciones a las grandes empresas multinacionales que sacan del país 30 mil millones en ganancia anualmente? ¿Estará dispuesto a reconsiderar la política de no cobro de impuestos al capital multinacional como pieza central de la política económica del gobierno? ¿Estará, por tanto, a dispuesto a reconsiderar la subordinación al capital multinacional como destino inescapable de Puerto Rico? ¿Estará dispuesto a empezar a canalizar esas ganancias privadas hacia un proyecto de desarrollo alternativo para el país, proyecto que necesariamente tendrá que ser coordinado por el estado? Si lo está, ¡magnífico!, pero si ese no es el caso, entonces el "pacto" no será más que un medio para ver como nos sacrificamos para mantener la economía colonial que ya no funciona.

Alguien podrá decir, con razón, que no podemos colocar la crisis actual en la cuenta de los empresarios del patio. Es cierto: el capitalismo vive una crisis global y, sin duda, el aumento en el desempleo oficial en Puerto Rico de 10% a 17% en un año es, en parte, producto de esa crisis global. Pero, sin entrar en los mecanismos fundamentales que hacen las crisis un aspecto inescapable del capitalismo, hay que preguntarse, qué, en el sentido histórico más inmediato, está en crisis. Lo que está en crisis son las políticas neo-liberales que la clase capitalista de los países dominantes, con los empresarios puertorriqueños felizmente apoyando desde su vagoncito colonial, ha impulsado desde principios de la década del ochenta: políticas de privatización, de desreglamentación, de eliminación de legislación protectora del trabajo, de reducción de ayudas sociales a los desempleados, pobres o marginados. La idea era que el mercado lo arreglaría todo. Había que reducir el gobierno. Cortar la grasa. Flexibilizar. Reto al lector o lectora que encuentre un solo número de Caribbean Business de los últimos veinte años que no repita este recetario. El resultado más espectacular de la aplicación global de estas recetas ha sido el colapso de buena parte de las grandes casas financieras y de seguros de Wall Street y el descalabro actual de la economía capitalista mundial. Irónicamente, estas grandes empresas, estos enemigos del estado, estos luchadores contra el “gigantismo gubernamental”, estos defensores del mercado y la competencia, tan sólo se han salvado de la quiebra gracias a la pronta y salvadora acción del estado que tanto critican y que muy a tiempo ha venido a su rescate. Así que, de nuevo: ¿estarán los empresarios que ahora proponen un "pacto" dispuestos a desprenderse del dogma neoliberal que nos ha traído a la crisis y el caos actual, con millones de desempleados alrededor del mundo? ¿Habrán entendido que, lejos de reducirse, es necesario ampliar el sector público, que es necesario dar dirección al desarrollo económico y someterlo a prioridades sociales y ambientales decididas democráticamente? ¿Habrán entendido que el mercado, con su funcionamiento espontáneo conduce tanto a una creciente polarización de riqueza por un lado y pobreza por otro, y que conduce a desequilibrios que amenazan con tragarse a las mismas grandes empresas? Nada de esto es especulación: es lo que indica la experiencia de las últimas décadas donde quiera que se ha implementado la receta neoliberal.

No está demás recordar, por otro lado, que además de la crisis económica vivimos una crisis ambiental cada vez más profunda. Una de sus manifestaciones más dramáticas es el cambio climático. Dicho rápidamente: o se efectúa una rápida transición a nuevas fuentes de energía (que no generen gases de efecto invernadero) o arruinaremos las condiciones de la existencia humana como las hemos conocido hasta el presente. Todo esto exige, en el mundo y, por tanto, en Puerto Rico, una transformación coordinada de formas de producción y transmisión de energía, formas de transporte, infraestructura urbana, diseño de enseres, localización de actividades productivas y cambios en formas de consumo y muchos otros elementos. ¿Será necesario indicar que tal transición no puede realizarse a través de la acción de miles de empresas independientes, en competencia unas con otras, y cada una interesada en su ganancia a corto plazo? ¿Acaso no está claro que nada está más alejado de las consideraciones integradas y a largo plazo necesarias para enfrentar la crisis ambiental que los imperativos fragmentados y privados y a corto plazo de la competencia capitalista? ¿Estarán dispuestos los empresarios proponentes del “pacto social” a sacrificar sus prerrogativas privadas para someterse a imperativos ambientales decididos democráticamente? ¿Estarán dispuestos a reescribir la Ley de permisos que acaba de aprobar el gobierno de Fortuño de acuerdo a tales criterios ambientales? De ser así, sería magnífico. Pero de nos ser así, repito: el "pacto" tan sólo serviría para que evitar que enfrentemos nuestros problemas con verdadera seriedad y realismo.

Que no se diga que tengo una actitud opuesta al diálogo. El diálogo está bien. Pero si se pretende mantener una estrategia económica que no se atreve tocar las ganancias del capital multinacional; si se insiste, a pesar de la crisis actual, en la superstición del mercado como arréglalo-todo; si se sigue diciendo que el objetivo es ser “competitivo” en lugar de cuestionar los efectos sociales y ambientales de un sistema que se rige por la competencia en lugar de la colaboración, en ese caso, ¿qué vamos a dialogar?

Si queremos enfrentar la crisis con seriedad tenemos que empezar por reconocer la profundidad de la crisis y por reconocer que solucionarla requiere cambiar radicalmente las estructuras económicas existentes: al fin y al cabo son esas estructuras las que están en crisis.

Como Cordero Badillo fue miembro del CAREF que hace unos meses propuso al gobernador Fortuño una larga serie de medidas neo-liberales que se han traducido en la ley 7 y el proyecto de las APP, me permito sospechar que detrás de las propuestas de "pacto" no hay un intento de abrir un diálogo que vaya al fondo de la crisis, sino un intento de desviar la atención sobre esa discusión necesaria. Pero quizás me equivoque. Podemos hacer una prueba. ¿Se quiere un “pacto social”? ¿Se quiere dialogar con los diversos sectores productivos? Muy bien. Propongo que inmediatamente los empresarios como Cordero Badillo se comprometan a cesar la persecución de los trabajadores que en sus empresas intenten organizarse sindicalmente. Que no obstaculicen la labor de organización sindical en sus talleres. Que permitan la rápida celebración de elecciones de representación sindical en cualquier taller privado de Puerto Rico. La realidad es que en Puerto Rico organizar una empresa privada es una tarea tan clandestina como la lucha contra cualquier dictadura: para empezar, el que lo intente debe estar dispuesto a perder el empleo. ¿Cómo se puede plantear “pacto social” y diálogo social si no se está dispuesto a negociar colectivamente con los trabajadores de la empresa que se opera? Si fuese líder sindical esa sería mi primera exigencia: si no se está dispuesto a esto, ¿de qué “pacto” estamos hablando?

Sin embargo, en lo que esperamos una respuesta a estas interrogantes, los sectores más golpeados por la crisis no podemos sentarnos a esperar. Si los empresarios no tienen proyecto, necesitamos desarrollar nuestro proyecto. Aquí debo señalar que me preocupan los comentarios del compañero Federico Torres Montalvo en los que presenta la Cumbre Social como antecesora y ejemplo para el “pacto social” que ahora se propone. Aquí no me interesa revivir viejas polémicas, sino mirar hacia el futuro, pero, eso sí, aprendiendo de los resultados y de la experiencia pasada. Cuando se inició la gestión de la Cumbre Social en 2000 estuve entre los que en varias publicaciones criticó aquel esfuerzo. Durante la lucha contra la privatización de la telefónica en 1997-98 se había creado el Comité Amplio de Organizaciones Sociales y Sindicales. El CAOS se convirtió en una verdadera fuerza social en nuestro país, con un extraordinario poder de convocatoria. Incluía diversas tendencias y corrientes y esa era parte de su fortaleza. Se estaba convirtiendo en una voz independiente y paralela del pueblo trabajador ante el estado, los patronos y los partidos tradicionales. A mí y muchos otros nos pareció muy grave que se dejara caer ese esfuerzo. En su lugar surgió la idea de la Cumbre Social, que incluía la búsqueda de acuerdos con los sectores patronales (el Banco Popular para empezar) que habían promovido la privatización de la telefónica poco antes. En aquel momento debatimos los posibles efectos que tendría la muerte del CAOS y la política de las Cumbres. Otros tenían opiniones distintas. Muy bien. Pero hoy, nueva años después, ya no tenemos que especular sobre el futuro: tenemos la experiencia. La Cumbres, a pesar del esfuerzo que se les dedicó por sectores del movimiento sindical, no han tenido resultado práctico alguno. No lo digo para criticar. Lo diga para constatar el resultado del experimento: casi una década de diálogo y conversación y lo que Carrión, Cordero, etc. han dado de regalo a sus interlocutores son las recomendaciones del CAREF, la ley 7, las APP, la nueva ley de permisos. Por otro lado, perdimos el CAOS y ahora tenemos que empezar a reconstruir el tipo de organismo coordinador amplio que nunca debimos abandonar. En fin, si algo nos dice esta dura experiencia que es que sería lamentable repetir ahora el mismo error de abandonar la construcción de un proyecto de resistencia y cambio social propio e independiente del pueblo trabajador para poner nuestras esperanzas en “pactos” o consensos con sectores empresariales que ya han demostrado cómo y para que usan tales diálogos: para distraer, hablar sin consecuencia y, luego, golpear con más fuerza.

La experiencia indica que del sector empresarial tan sólo podemos esperar nuevas versiones del bussiness as usual: propuestas para un Puerto Rico sometido a los dictados de los patronos, aunque se presente esos dictados como “necesidades económicas para lograr competitividad”; un Puerto Rico en que amplios sectores estén sometidos al desempleo, la inseguridad de empleo, la falta de apoyo en el desempleo y la pobreza, aunque se presenta esa agresión como “sacrificios” y “medicina amarga” para asegurar el desarrollo futuro; un país sin estrategias para un desarrollo económico propio y sustentable desde el punto de vista ecológico, aunque se hablará de planes estratégicos, “polos de desarrollo”, bio-islas, eco-islas y otras frases que se suceden una a otras sin efecto alguno. En fin: lejos de ilusionarnos con “pactos” con el sector empresarial debemos potenciar la organización independiente del pueblo trabajador. Como han indicado los editoriales de Rumbo Alterno, es necesario fortalecer tanto la Coalición Todo Puerto Rico como el Frente Amplio de Solidaridad y Lucha. Es necesario deponer la dinámica de competencia entre ambos sectores. Es necesario coordinar esfuerzos para retomar cuanto antes la movilización del paro del 15 de octubre. Y es necesario ir elevando los niveles de organización y movilización: que el gobierno sienta una presión constante y creciente. Parte de este esfuerzo pueden ser marchas, piquetes, paros por sectores, paros rotativos por agencias, paros generales, cortes de ruta, ocupaciones de oficinas, actos de desobediencia civil, entre muchos otros. Es de esa constante actividad que podrá pasarse a acciones más contundentes, como una huelga general.

De ese esfuerzo debe surgir paralelamente un proyecto para un Puerto Rico democrático, solidario y sustentable, vinculado a proyectos afines en otros países. Soy el primero en reconocer el reto que esto representa. Pero este reto, a diferencia de la ilusión de un “pacto social” con los mismos que nos han traído a la situación actual, es un reto que vale la pena afrontar. A ese proyecto hay que atraer a los muchos científicos sociales y naturales que de otro modo serán enredados en un proyecto de “pacto” dirigido a perpetuar el presente, con algunas modificaciones secundarias. Pero para esto es necesario construir un movimiento independiente con su propia agenda, sin que llamados a “pactos” o consensos nos desvíen de ese objetivo.

Artículos de referencia

1. Marian Díaz, "En busca de un acuerdo para el desarrollo. Representantes de todos los sectores productivos del País comparten su visión sobre la necesidad de un pacto social para Puerto Rico", El Nuevo Día, 29 noviembre 2009.

2. Alfredo Carrasquillo Ramírez, "Pacto Social", El Nuevo Día, 2 diciembre 2009.

3. Rafael Bernabe, “La clase directora más podrida del continente” (Albizu) en http://www.masenlucha.org.

4. Rafael Bernabe, “La sonrisa del fantasma” en http://www.masenlucha.org.

5. Rafael Bernabe, "Huelga general o estado huelgario" en http://www.indymediapr.org y en http://www.masenlucha.org.

6. Conferencia Sindical, Entre la Huelga del Pueblo y la Cumbre Social: el movimiento obrero puertorriqueño en la encrucijada (San Juan: Conferencia Sindical, 2001). Disponible en: http://frentesocialistapr.googlepages.com/libro_sindical.pdf