Hugo Delgado, miembro de la dirección del MST, circuló recientemente un texto en el que critica posiciones que esbocé en un artículo publicado en noviembre 2009. Alguien que lea el artículo de Delgado podría pensar que el MAS se opone a la construcción de una huelga general, o que el concepto de “estado huelgario” que uso en mi artículo, está dirigido a bloquear o descarrilar el trabajo hacia una huelga general.
No es cierto. Basta cotejar los dos números más recientes de Rumbo Alterno, periódico del MAS, para ver la forma y manera en que en sus páginas, empezando por las portadas, se destaca la consigna y la perspectiva de una huelga general. Por otro lado, cualquier persona que lea mi artículo podrá constatar que todo el texto está dirigido a tratar de determinar cómo sería posible avanzar en la práctica, no sólo en las proclamas y deseos, hacia una huelga general. (Todos nuestros artículos están disponibles en http://www.masenlucha.org)
En mi escrito de noviembre abordaba el debate que en aquel momento se iniciaba sobre la huelga general (si es que, por supuesto, a los comentarios, insinuaciones y puyas constantes de unos sectores a otros se le puede llamar debate). En aquel momento advertí contra dos posiciones que me parecía podían conducir a serios errores. La primera era la que a nombre de “huelga general” se enfilaba, en el mejor de los casos, a la realización de un paro de varios días. Quien leyera con cuidado no podía dejar de detectar que me refería a sectores de la Coalición Todo Puerto Rico por Puerto Rico, que sin aparente preparación alguna, y sin coordinar con otros sectores, habían anunciado una “huelga general” para enero. Ante esa posición expliqué que, primero, era bueno llamar las cosas por su nombre: un paro de varios días no es una huelga general. En segundo lugar, indicaba que un paro de varios días sería insuficiente para derrotar el gobierno. Como puede verse mi artículo difícilmente podía servir de “escudo” a quien tuviera como única perspectiva otro paro, quizás de más de un día, o que argumentara que tal acción era a lo que debíamos aspirar al hablar de una huelga general.
La segunda posición que me preocupaba es la que concibe la huelga general, no como una batalla en un proceso más prolongado, sino como un evento definitivo que aseguraría la victoria total. Esa perspectiva se prestaba, y se presta, a mi modo de ver, a convocar la huelga general sin la debida preparación, bajo la idea de que es urgente dar una respuesta a la política del gobierno y de que sólo la huelga general es una respuesta adecuada, posición que se prestaba, también, a mantener la huelga hasta el agotamiento, aún cuando en determinado momento sería mejor levantarla y continuar la lucha por otros medios. Nada de esto era, o es, un argumento contra la huelga general: es un argumento para prepararla debidamente y desarrollarla como parte de una perspectiva más amplia. Mi objetivo no fue solucionar todos los problemas, sino abrir un debate fructífero en los sectores más activos en esta lucha sobre este problema. El lector o lectora puede comparar el tono de mi escrito y el de la respuesta que Hugo Delgado me dedica.
Mi referencia a las huelgas de la telefónica y del magisterio nada tiene que ver con los criterios “economicistas” que Delgado me atribuye para despachar mis planteamientos sobre el “estado huelgario” que él intenta caricaturizar llamándolo un “vente tú”. Las traigo al debate porque esas dos huelgas, en las que tuve participación activa, apoyando en todo lo que pude los esfuerzos extraordinarios de unos y otros trabajadores, se iniciaron ambas como huelgas indefinidas y tuvieron, sin embargo, que levantarse, (en el caso del magisterio al cabo de diez días) sin que se lograran sus objetivos fundamentales (detener la privatización de la telefónica u obtener un convenio superior al existente), independientemente de que desarrollaran “la conciencia” o “crearan líderes”. No me extraña que la huelga de la telefónica durase treinta días más que la huelga magisterial, pues contó con un apoyo mucho más amplio del resto del movimiento sindical y de otros sectores. Sin embargo, también fue derrotada. Esto no es un argumento contra las huelgas: es un llamado a que trabajemos para que una posible huelga general no acabe también por agotamiento sin lograr sus objetivos.
Por otro lado, mi artículo se escribió cuando se configuraban dos posiciones públicas, aunque no siempre muy claramente. Por un lado estaban los que proclamaban una próxima huelga general que evidentemente no podría ser, realmente, y en el mejor de los casos, más que un paro de varios días. En el segundo, estaban los que denunciaban tal proyecto como un "show", un espectáculo para las gradas en el que no se participaría, ya que la huelga general era algo que tenía que prepararse seriamente y a largo plazo. Esta posición, a pesar de estar correcta en su crítica de la improvisación, carecía del sentido de urgencia con que era necesario enfrentar esa preparación y agitación en las semanas posteriores al paro del 15 de octubre. Por lo demás, este “debate” era parte de la infranqueable división entre la Coalición Todo Puerto Rico por Puerto Rico y el Frente Amplio de Solidaridad y Lucha.
Con el objetivo de buscar una salida a esta situación que nos acercara en la práctica a nuestros objetivos, insistí en mi artículo que, en todo caso, una huelga general no sería el inicio de la lucha sino la culminación de un proceso, sobre todo si aspiramos a una huelga general que, para merecer tal nombre, debería incorporar a sectores muy amplios: a la huelga general sólo se podría llegar como resultado de una serie de crecientes y militantes movilizaciones de diversos sectores y de diverso tipo. Eso es lo que estaba a la orden del día en noviembre: seguir golpeando mientras el hierro estuviera caliente, y seguir calentando el hierro. No podía confundirse tales acciones, incluso paros que se pudieran realizar, con la huelga general. Pero tampoco tenía sentido dejar de realizar o de apoyar estas actividades porque no eran la verdadera huelga general que hace falta: la huelga general se haría posible como resultado de esas crecientes iniciativas. ¿Estaban Todo Puerto Rico por Puerto Rico y el FASyL hablando de huelga general, cada uno según su concepto? Muy bien. Pero, ningún concepto de huelga general se haría realidad sin decenas de actividades, protestas, marchas, paros, etc. El movimiento se demuestra andando y estas coaliciones podían y debían colaborar en este tipo de acción inmediatamente, si es que realmente están interesadas en realizar una verdadera huelga general más adelante. Tal propuesta en modo alguno negaba el rol decisivo de los sindicatos en esta lucha, o negaba la importancia de las asambleas, los debates, las votaciones en el seno de las organizaciones sindicales, ideas que Delgado también parece atribuirme, no sé por qué razón. A esta orientación dirigida hacia la huelga general fue lo que --tomando un término que usó el CGT precisamente en preparación y como preámbulo para la huelga de la telefónica-- llamé “estado huelgario”. Lejos de servir de escudo para las burocracias sindicales, como alega Delgado, esta idea nos permite evaluar lo que han hecho, o no han hecho, diversas organizaciones y coaliciones después del paro nacional del 15 de octubre.
No creo necesario gastar mucha tinta para indicar que, en términos generales, lo que ha predominado de noviembre para acá ha sido lo opuesto de lo que yo describí como un “estado huelgario”. Lo que ha predominado ha sido una tendencia a la inacción, la desmovilización, al traslado de la lucha a los tribunales (no niego su necesidad, sólo que se reduzca la lucha a esto) y las conferencias de prensa y demás expresiones públicas. Pero el problema no ha sido el estado huelgario que le habría cortado el camino a una huelga general que Delgado, confundiendo sus deseos con la realidad, quizás piensa que era inminente en noviembre de 2009. El problema ha sido la falta de actividades e iniciativas –lo que yo llamé estado huelgario—que podrían acercar el momento de una verdadera huelga general. Propuse la idea de estado huelgario como mecanismo de movilización, de crear puentes entre sectores y de mantener viva y cultivar la posibilidad de una huelga general más adelante. Y como eso no se ha hecho la huelga general se aleja.
Delgado alega que la idea de “estado huelgario” puede servir o sirve de escudo para los líderes que pretenden zafarse de su compromiso público de dar una lucha contra la política del gobierno. No dudo que esta consigna, como también la consigna de la huelga general, se puede poner al servicio de objetivos opuestos a los que animaron a sus proponentes. Sin duda, si la Coalición Todo Puerto Rico decreta un estado huelgario para luego realizar un número decreciente de actividades, o actividades cada vez más simbólicas, o si los sindicatos la usan para no comprometerse con una resistencia activa, estarán usándola para desmovilizar. Eso hay que denunciarlo, pero no porque están aplicando un estado huelgario, sino precisamente porque mientras hablan de estado huelgario hacen lo opuesto. En último análisis, el nombre es lo de menos: hay que denunciarlos porque en nombre de la movilización, desmovilizan. Pero lo mismo, como dije, pasa con la consigna de la huelga general. Hay quien insiste en rechazar los paros y estados huelgarios, y plantea que hay que preparar la huelga general “en serio”: pero como a la huelga en serio sólo se puede llegar por el camino de todo tipo de actividades que no son la huelga, el compromiso con la huelga en serio se traduce en una práctica que asegura que la huelga nunca llegue. Así que no veo razón para abandonar la consigna de huelga general ni tampoco de estado huelgario por el hecho de que puedan ser manipulados para justificar la inacción en la práctica: lo que hay que criticar es esa manipulación que permite a sectores justificar sus políticas de inacción, sea nombre de la “huelga en serio”, o el “estado huelgario”, o lo que sea.
Quien, por otro lado, ya abandona la perspectiva de la huelga general es Delgado. En su artículo, como puede verse, ya no habla de huelga general sino de “una huelga de sectores estratégicos que detengan la producción”. Más adelante menciona a sindicatos como la UIAAA, la UTIER, la UGT, la HEEND, la FMPR, la TUAMA, los bomberos. ¿Considera Delgado que la matrícula de estos sindicatos está lista para lanzarse a una huelga general que “detenga la producción” con todo lo que esto conlleva? No estoy hablando de los socialistas en esas uniones, sino de la mayoría de sus matrículas. ¿O será necesaria, si queremos alcanzar ese momento, toda una serie de movilizaciones, actividades y acciones que conduzcan a tal huelga militante y decidida? ¿En qué se diferencia esto de lo que he llamado “estado huelgario” y que tampoco aquí podrá evadirse, si es que se quiere realizar un esfuerzo de masas, incluso dentro de esos sectores que Delgado describe como estratégicos? Si lo que molesta es el nombre, lo podemos eliminar. Lo mismo ocurre, aún más claramente, si se trata de realizar en esos y otros sectores estratégicos, paros y acciones contundentes, actos de desobediencia y desafío, que vayan golpeando al gobierno, que conviertan agencias y sectores enteros del estado en áreas ingobernables por los ejecutivos a su cargo. ¿Acaso no es esto lo que he tratado de describir como “estado huelgario”?
Sí me preocupa la idea de que lo importante es “lanzarse al cuadrilátero de la lucha de clases” pues “a fin de cuentas los procesos de lucha en sí mismos, independientemente de los resultados economicistas, desarrollan la conciencia de la clase trabajadora, crea nuevos líderes y deja una experiencia práctica…” Yo, por supuesto, estoy de acuerdo con esta apreciación. La he afirmado incontables veces. Pero, ¿acaso piensa Delgado que va a convencer a miles o decenas de miles de trabajadores de los sindicatos descritos por él como estratégicos, para no hablar de la mayoría de la clase trabajadora que tendría que ser la protagonista de una huelga general, de lanzarse a la lucha y a los sacrificios que conlleva, simplemente porque, independientemente de otras consecuencias, “desarrolla la conciencia”, “crea nuevos líderes”, y “deja experiencia práctica”. ¿Acaso no es ésta la fórmula para desarrollar iniciativas contando más que nada en los sectores socialistas o más avanzados? Yo estoy de acuerdo con la necesidad de iniciativa de esos sectores. Pero creo que se trata de convertirse en vanguardia: y la vanguardia es vanguardia porque logra movilizar sectores mucho más amplios que sí misma. Por eso, desde un principio hemos insistido en la necesidad del frente unido. No porque confiemos en líderes chupacuotas, sino porque creemos que la fuerza de todos los sindicatos es necesaria en este proceso. Por eso, si un liderato sindical, no importa quien sea, dice en este momento: queremos preparar una huelga general o un paro, o lo que sea, que permita movilizar a sectores de la clase trabajadora, nuestra posición no es decir “son unos chupacuotas” para seguir caminando por nuestro camino. Nuestra posición es: ustedes saben las críticas que tenemos a su política, las críticas que hemos hecho en el pasado, los enfrentamientos que hemos tenido. No tenemos por qué, ni vamos a, abandonar ninguna de esas críticas, ni a aceptar ninguna mordaza. Igual que no le pretendemos imponer ninguna mordaza a ustedes. Pero si ustedes están hablando de huelga general, estamos dispuestos a trabajar y coordinar todo lo que se pueda, para construir juntos una resistencia para la cual son necesarias todas las organizaciones de la clase trabajadora. Estamos convencidos que la falta de un frente unido, que la existencia de dos coaliciones ha debilitado esta lucha. Que la ausencia, para colmo, de coordinación entre esas coaliciones ha sido otra debilidad. A la misma vez que hemos planteado esto, no hemos dejado de criticar las alianzas con el PPD o los posibles pactos sociales y otras políticas parecidas. El interesado o interesada puede ver mi artículo sobre el tema, “Pacto social: ¿camino o desvío?” circulado recientemente. Pero si desde la izquierda política y sindical hubiésemos desarrollado desde el principio una política de frente unido estaríamos hoy en una posición mucho más sólida para atraer a nuestras posiciones a miles de trabajadores de uniones cuyos líderes empiecen a romper ese frente unido para plegarse a las agendas patronales. Estas ideas están recogidas en los editoriales de Rumbo Alterno, que los interesados pueden releer y que no tengo espacio para reproducir aquí. No niego el heroísmo que puede conllevar dar la batalla por la conciencia al margen de la construcción de una lucha verdaderamente amplia. Pero la gran mayoría de los trabajadores lo verán de lejos, con curiosidad, quizás algunos con admiración, y seguirán igualmente carentes de opciones reales para cambiar su situación actual.
Un viejo proverbio dice que al rodar o ser golpeado, un barril vacío hace más ruido que un barril lleno. Es lo que a veces pienso cuando leo ciertos análisis socialistas: algo muy sonoro, pero vacío.