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01
nov

Acción conjunta: necesidad urgente del magisterio (II Respuesta a Luis Ángel Torres)

Written by Rumbo Alterno. Posted in Articulos, Trabajadores

Por Rafael Bernabe

El futuro de Puerto Rico es inseparable del futuro de su clase trabajadora. El futuro de su clase trabajadora depende, en una medida considerable, de la acción de sus sectores más grandes e importantes, entre los cuales se encuentra, sin duda, el magisterio. La situación presente y el rumbo de las luchas del magisterio deben ser, por lo tanto, motivo de preocupación para toda persona a quien se interese por el futuro de nuestro país. En esto radica la trascendencia del debate que intentamos desarrollar sobre este tema con Hugo Delgado y Luis Ángel Torres, ambos integrantes del Movimiento Socialista de Trabajadores (MST).

En su más reciente intervención, titulada “No son gigantes, son molinos de viento”, Torres arremete una vez más contra el Movimiento al Socialismo (MAS), contra la organización magisterial EDUCAMOS, y ahora complementa los ataques que había lanzado en mi contra, que ya tuve ocasión de responder, con una andanada contra Félix Córdova, quien, al igual que yo, es militante del MAS. El objetivo del artículo de Torres es defender la posición asumida por el liderato de la Federación de Maestros (FMPR) de rechazo al paro de un día convocado recientemente por otras tres organizaciones magisteriales (la Asociación de Maestros/ASOMA, EDUCAMOS y UNETE, a la que Torres se refiere como “Úndete”, y organizaciones de padres). Veamos cuáles son las diferencias reales sobre este tema, y las consecuencias que podrían tener para el magisterio y, por lo tanto, directa o indirectamente, para el futuro de la clase trabajadora en su conjunto y del país en general.

Al igual que en su artículo anterior, Torres emplea buena parte de su escrito (en este caso, me atrevería a decir 90 por ciento) a explicar elementos sobre los cuales no hay discusión, es decir, sobre los cuales, al menos entre socialistas, no creo que haya mucho que debatir. Así, Torres indica que los socialistas no están obligados a apoyar todas las huelgas o paros que alguien pueda decretar, que incluso sectores patronales han utilizado la huelga para impulsar sus agendas, que en muchos países la derecha ha usado el paro para sabotear gobiernos de izquierda (menciona los casos de Chile, Venezuela y Bolivia). Igualmente, señala que a los líderes hay que juzgarlos no tanto por lo que dicen, sino por lo que hacen, así como por su trayectoria y acciones pasadas. A esto dedica una buena cantidad de espacio, al recordarnos la trayectoria del liderato presente y pasado de ASOMA: su alianza e interpenetración con el PPD, su oportunismo de hacer gestos de resistencia cuando el PNP está en el gobierno para luego acomodarse a las administraciones populares, su participación en la elaboración de políticas del Departamento de Educación, su guerra de siempre contra el sindicalismo militante y democrático, y contra la FMPR. En suma: que ASOMA ha sido agente de ideas patronales, autoritarias y reaccionarias en el seno del magisterio y de la clase trabajadora, y, por medio de las escuelas, en prácticamente toda la vida del país. Si fuéramos a rescatar y adaptar una frase del viejo socialista norteamericano Daniel de Leon, adoptada por Lenin, diríamos que Torres nos ha recordado que los líderes de ASOMA han sido “tenientes de la burguesía” en el movimiento magisterial (De Leon se refería a los dirigentes de su época de la American Federation of Labor).

Pero, como ya dije, tanta tinta o tecleo formulado contra el MAS resulta redundante. En todo lo que acabo de resumir estamos de acuerdo. En ningún lugar hemos dicho que haya que apoyar todos los paros o que debamos apoyar huelgas patronales; y, ciertamente, en ningún sitio hemos endosado las posiciones o las orientaciones del liderato de ASOMA. Estamos tan convencidos como Torres de la necesidad de combatir esas posiciones y su influencia en el seno del movimiento magisterial y del movimiento sindical. ¿En qué radica entonces la diferencia?

Para empezar, al leer el artículo de Torres, parecería que hay dos opciones: concertar acciones conjuntas con organizaciones con cuyo liderato se está completamente de acuerdo y en el cual se tiene plena confianza o, en ausencia de tal acuerdo y confianza, descartar toda acción conjunta contra un enemigo común. Desde esa lógica, realizar acciones conjuntas con una organización es indicación de que existe acuerdo y confianza con el liderato de dicha organización. Por lo tanto, si Félix Córdova se solidariza con una huelga de la Unión Independiente Auténtica de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (UIAAAA), eso quiere decir, según la lógica de Torres, que Córdova está de acuerdo con el liderato de Héctor René Lugo en dicho sindicato; o, si apoyamos un paro entre cuyos convocantes se encuentra ASOMA, eso quiere decir que endosamos las posiciones del liderato de ASOMA o que olvidamos su historial, etc. Nosotros, sin embargo, no confundimos realizar acciones conjuntas con determinada organización y estar de acuerdo con su liderato o tener confianza en él: se pueden concertar acciones concretas con ASOMA sin, por un segundo, abandonar nuestras posiciones, radicalmente opuestas a las del liderato de ASOMA. Pido excusas al lector o a la lectora por tener que explicar algo tan evidente, pero la lógica del artículo de Torres no me deja otra opción.

Al igual que Torres, aspiramos a combatir la influencia del tipo de posición que ha defendido históricamente el liderato de ASOMA en el magisterio, incluida su dependencia de uno de los grandes partidos patronales del país. A nosotros nos parece, sin embargo, que la clave para combatir esa influencia, no entre nosotros los activistas de izquierda, sino entre todo el magisterio (y la clase trabajadora), reside en la capacidad para movilizar a sectores cada vez más amplios mediante experiencias y campañas de todo tipo, que en ciertos momentos muy bien podrían incluir y requerir acciones conjuntas de diversas organizaciones. El primer punto de apoyo de esa posibilidad de removilización del magisterio en el momento actual es el amplio y generalizado rechazo a los ataques del Departamento de Educación y, en segundo lugar, pero igualmente importante, el también amplio deseo de acción unida y efectiva de grandes sectores del magisterio contra estas medidas. Nada ayudaría más a reactivar al magisterio en este momento que la noticia de que las organizaciones magisteriales se han puesto de acuerdo, a pesar de sus diferencias, para realizar una campaña conjunta contra las escuelas charter o cualquier otra imposición que se determine. Nada ayudaría más que tal iniciativa a que miles de maestros que hoy están desmovilizados consideren que se abre la posibilidad de empezar a responder efectivamente a los ataques del patrono con la fuerza del magisterio. Esa necesidad de acción concertada en la práctica la sienten miles de maestros. La entienden. Y su ausencia los demoraliza. No dudo que un anuncio como el que mencioné anteriormente ayudaría grandemente a empezar a superar esa situación.

¿Acaso planteamos esto porque olvidamos el historial o las posiciones del liderato de ASOMA? En lo más mínimo: nuestro llamado nada tiene que ver con tal olvido, sino con el deseo de empezar a removilizar al magisterio y de ponerlo en la senda de la recuperación de su capacidad y confianza para actuar colectivamente en la defensa de sus intereses; capacidad y autoconfianza que en grandes sectores están hoy, aunque algunos insistan en negarlo, muy debilitadas. ¿Conviene este llamado a realizar acciones conjuntas y concertadas de todas las organizaciones magisteriales a la agenda del liderato de ASOMA? Sin duda, Aida Díaz puede tener sus razones para participar en una acción conjunta (volveremos sobre esto en breve), pero nosotros tenemos nuestras razones, que no son otras que propiciar la removilización conjunta de todos los sectores del magisterio a partir de una situación de considerable desmovilización; removilización cuyos efectos, no nos queda duda, convienen más a nuestras posiciones que a las de Aida Díaz. Y por eso creemos que hay que lanzarle el reto: vamos a coordinar la acción conjunta, incluso futuros paros, para detener las escuelas charter (o cualquier otra medida que se determine).

Hay que decir a los maestros de ASOMA: “Ustedes están en ASOMA. Nosotros no tenemos confianza en los líderes de ASOMA. Pero estamos dispuestos a concertar acciones con ASOMA para detener las escuelas charter, etc. Nosotros vamos a proponer y estamos proponiendo esas acciones conjuntas al liderato de ASOMA y les planteamos a ustedes que exijan que el liderato de ASOMA esté igualmente dispuesto a la acción concertada que el magisterio necesita. ¿Que el liderato de ASOMA no está dispuesto? Tendrán entonces que coincidir conmigo en que están actuando como un obstáculo a las aspiraciones del magisterio. ¿Que en ASOMA no hay mucho espacio para impulsar nada? Tendrán entonces que estar de acuerdo conmigo en que ese funcionamiento poco democrático también es un obstáculo a las aspiraciones del magisterio…”. Y los miles de maestras y maestros no organizados les diremos igualmente: “estamos proponiendo la acción conjunta de todas las organizaciones y les invitaremos a que se sumen a nosotros para hacer ese llamado”

Este curso de acción aumenta nuestra influencia, no como resultado de algún truco de propaganda, sino porque engarza con la aspiración a la acción conjunta que tienen miles de maestros y maestras. Si, como resultado de esta iniciativa, se realizan acciones conjuntas, las condiciones de reactivamiento y movilización favorecerán nuestras posiciones de lucha, no las de Aida Díaz. Si ella se rehúsa a las acciones conjuntas, habremos creado las condiciones para que su actitud redunde en un aumento del apoyo a nuestras posiciones, que corresponden a lo que grandes sectores del magisterio desean.

Por estas razones, debemos lanzar nosotros el llamado a las acciones conjuntas de las organizaciones magisteriales bajo un programa mínimo de lucha. Torres dedica parte de su artículo a destacar la poca preparación para el paro del 17 de octubre: siete días, dice repetidamente, no es plazo responsable para preparar un paro. No tengo reparo en decir: en eso estamos de acuerdo. Pero si bien esto es importante, en cuanto al tema de la orientación general que aquí estamos debatiendo, es una cuestión subordinada. De igual modo, estoy de acuerdo con plantear el tema de la democracia. En fin, si, ante el paro del 17, la posición del liderato de la FMPR hubiese sido: “No podemos tomar responsabilidad por un paro que, a nuestro modo de ver, ha sido improvisado. Además, consideramos que siempre es necesario consultar a las matrículas antes de decretar paros. Sin embargo, compartimos el objetivo de detener las escuelas charter. Creemos, más aun, en la necesidad de la acción conjunta para cuya coordinación adecuada proponemos que las organizaciones magisteriales nos reunamos inmediatamente”, repito, si tal hubiese sido la posición del liderato de la FMPR, yo no tendría objeción. Pero esa, como se sabe, no fue la posición del liderato de la FMPR ni la que Torres promueve en su artículo. La actitud fue plantear que el paro era “un montaje” del PPD para impulsar las escuelas charter, lo cual tan solo puede interpretarse como un llamado a la desmovilización (¿o es que un maestro conciente debe prestarse a participar en un montaje con tales fines?).

Conviene aclarar que mi énfasis en la acción concertada se desprende de mi apreciación de la situación concreta e inmediata del magisterio. No es algo que siempre deba estar en el centro de nuestra política. Pero no estamos hablando de la FMPR ni del magisterio antes o camino de la huelga de 2008, con el peso y capacidad de movilización que la FMPR logró desarrollar en aquel momento. Estamos hablando de la situación organizativa de 2011, resultado del desenlace de la huelga y de la manera en que se manejaron posteriormente las elecciones internas, y sus consecuencias no solo sobre la FMPR, sino sobre todo el magisterio: ese magisterio desmovilizado y fragmentado en varias organizaciones, todas debilitadas, es la realidad de la que debemos partir, si no queremos engañarnos.

Y aquí ya puedo escuchar a Torres insistiendo: precisamente, si no queremos engañarnos, tenemos que recordar que el liderato de ASOMA es un agente del patrono, un ideólogo de la domesticación de los estudiantes, un títere del PPD, que solo se mueve contra el PNP…, con lo cual estamos 100 por ciento de acuerdo. Pero, mientras para Torres esto cierra la cuestión, para nosotros tan solo plantea el problema que todavía está por resolverse en la práctica: cómo superar la influencia de esas posiciones, cómo removilizar a las maestras y los maestros, y atraerlos a nuestras posiciones. Claro está, si uno mira las cosas desde una perspectiva suficientemente lejana, suficientemente abstracta, Torres tiene razón: desde la perspectiva de la revolución socialista, por ejemplo, los patronos, el PPD y la dirección de ASOMA, los líderes sindicales reformistas, etc. son lo mismo, pues todos son contrarios a la revolución socialista.

Pero la clase trabajadora de carne y hueso tan solo recorre el camino hacia una perspectiva socialista, no en el mundo de las abstracciones, sino en el de la política concreta: en el curso de una larga serie de batallas y conflictos inmediatos (contra la Ley 7, contra la escuelas charter, etc.), y en ese terreno, pueden existir y existen contradicciones y tensiones entre los patronos y los burócratas sindicales e incluso el liderato particularmente conservador de ASOMA. Y esas tensiones hay que tomarlas en cuenta y hay que aprovecharlas para impulsar nuestras posiciones. Hay que agarrarse de esas tensiones –eso también es parte de las lecciones del marxismo– para impulsar la movilización de la clase y, con ello, el avance de nuestras posiciones de lucha: para eso puede ser útil y necesario realizar acciones conjuntas con aliados poco confiables, de los cuales tenemos que cuidarnos a cada paso (aliados “provisionales, poco seguros, cambiantes, condicionales” para citar a Lenin). Esa también, repito, es una de las cosas que el marxismo nos ha enseñado, para usar una frase de Torres. Por eso me pareció correcta la posición de EDUCAMOS de participar en un llamado conjunto a la movilización contra las escuelas charter, que contribuyera a plantear el problema ante el país en ocasión de la visita del Secretario de Educación federal y que trabajara para extender la participación en el llamado al paro, como se extendió, a organizaciones de padres y madres (como a las vinculadas a las necesidades de educación especial).

Sin duda, hay mucho de oportunismo partidista en la posición del liderato de ASOMA. Sin duda, hacen ruido porque el PNP está en el gobierno. Eso lo sabemos. Pero, en este momento, están tomando iniciativas: aprovechemos entonces el hecho para impulsar acciones conjuntas que el magisterio necesita y que nos pongan en mejor posición de continuar la lucha también contra el PPD. Torres plantea que los líderes de ASOMA tienen conexiones con las empresas que se benefician de las escuelas charter. No conozco suficientemente el tema como para confirmar o refutar el dato. Lo concedo para que se entienda mi punto: en este momento, los líderes de ASOMA se ven o se sienten empujados a oponerse a las escuelas charter. Aprovechemos esa contradicción típica del burócrata sindical (que, por un lado, dice y hace una cosa, y por otro, dice y hace otra) para proponer una campaña conjunta y activa contra las escuelas charter… algo que ciertamente puede traer problemas, no a nosotros, sino a algunas conexiones de ASOMA. Torres dice que no podemos apoyar una huelga patronal, que no podemos apoyar una huelga impulsada por la derecha contra el gobierno de Chávez. Pero esa no es la pregunta. Eso no es lo que está en debate. Eso no es lo que está en juego en Puerto Rico. En eso estamos de acuerdo. La pregunta es: ¿podemos concertar acciones conjuntas con ASOMA, incluidos los paros, contra el proyecto de las escuelas charter (o medidas similares)? A esa pregunta, me parece que un socialista debe contestar en la afirmativa. Con él o ella estarán de acuerdo miles de maestros y maestras.

Torres insinúa, cuando no afirma, que nos hemos convertido en “escuderos” de ASOMA. Que para debatir se tenga que caer en tales “argumentos”, es mal síntoma. Torres debiera saber que, en todo caso, mis posiciones son afines a las de los compañeros que han impulsado la creación de EDUCAMOS. Torres debiera saberlo, pues los conoce: EDUCAMOS no salió de ASOMA, surgió precisamente de la tradición de lucha de la FMPR. ¿Recuerda Torres que, en las pasadas elecciones de la FMPR, Eva Ayala, una de las principales dirigentes de EDUCAMOS, recibió prácticamente igual cantidad de votos que Rafael Feliciano? La preciosa herencia de lucha de la FMPR está hoy fragmentada y repartida en las filas de la FMPR y EDUCAMOS, y entre cientos o miles de maestros que se han retirado de toda organización o se han unido a otras organizaciones magisteriales. Cuanto más pronto abandonemos las ansias de monopolio de la lucha y reconozcamos este hecho, mejor. Por eso, promuevo la acción concertada como primer paso, no por sectarismo contra el MST, como alega Torres (¿qué podemos ganar nosotros con tal sectarismo?), sino porque nos parece que corresponde a los mejores intereses del magisterio, de la clase trabajadora y de la lucha por transformar la sociedad puertorriqueña. Por decir esto, Torres nos convierte en “escuderos” y cargamaletas de ASOMA, a la vez que proclama felizmente que no le interesa “el apoyo de Úndete, Educamos o del MAS; juntitos afuera se ven más bonitos”. Leo esto y me resisto a creerlo: algún límite debe haber a la ceguera sectaria.

La semana pasada, como parte de las charlas de formación que ofrezco en el local del MAS (todos los jueves, aprovecho para anunciarlas), tocamos el tema del fascismo, para lo cual me releí con mucho provecho parte de los textos de Trotsky sobre el tema. Mientras lo hacía, no dejaba de sorprenderme la pertinencia para este debate de algunos aspectos de aquellas luchas, si bien lo que en este momento enfrentamos no puede compararse con la amenaza del fascismo. En aquel momento, ante dicha amenaza, buena parte de la clase trabajadora alemana se encontraba organizada en sindicatos y partidos burocráticos (básicamente, el Partido Socialista Alemán y los sindicatos vinculados a este), amarrados a la colaboración con los patronos, que confiaban en acuerdos con partidos capitalistas o con el mismo estado capitalista para defenderse del fascismo. Los “excesos” y radicalismos de la izquierda, planteaban, tan solo provocan a los fascistas y entorpecen los acuerdos con los sectores más flexibles del gobierno y los patronos: así buscaban aliados en el gobierno y los partidos burgueses, asegurándoles que nada tenían que ver con los radicales. ¿Suena familiar? Claro que sí. ¿Acaso no se parece a algunos líderes sindicales que viven desvinculándose de la izquierda y de los sectores clasistas del movimiento sindical, que corren a Fortaleza en búsqueda de algún acuerdo que les permita salvar algo de los pasados logros sindicales? Trotsky advertía que tal política llevaba al desastre, no solo a la clase trabajadora, sino incluso a los líderes sindicales que la impulsaban: la derrota de las organizaciones que dirigían no dejaría de arrastrarlos a ellos también.

Ante esa política, ¿qué posición asumía el liderato de la más grande organización revolucionaria, el Partido Comunista Alemán (PCA)? Los líderes del PCA rechazaban cualquier acuerdo o frente antifascista con los socialistas o los líderes sindicales burocráticos: al fin y al cabo, planteaban, ¿qué eran esos líderes burocráticos, si no agentes de la burguesía en el movimiento obrero?, ¿qué eran esos líderes, si no los que tantas veces habían traicionado las luchas de los trabajadores?, ¿qué eran esos líderes, si no los mismos que habían aplaudido e incluso organizado la represión de luchas pasadas? Nada más absurdo, entonces, que engañarse o engañar a los trabajadores proponiendo acuerdos con tales líderes. Nada más inaceptable que legitimar con tales alianzas a esos traidores de la clase trabajadora… Al fin y al cabo, los fascistas eran una cara de la política capitalista, y los burócratas, su cara sindical. Trotsky insistía en que esta política, si bien correcta en su apreciación de la burocracia sindical, conducía igualmente al desastre: ayudaba a petrificar la división de la clase trabajadora, no facilitaba la acción conjunta, no tendía puentes hacia los trabajadores de las organizaciones más conservadoras, no atraía a los que no veían capacidad de acción conjunta contra el enemigo común. El resultado no sería la creciente influencia, sino el aislamiento de los revolucionarios, la persistencia de la división y la derrota de la clase. El triunfo del fascismo confirmó trágicamente la justicia de las advertencias de Trotsky.

Me pregunto, ¿suena familiar la política asumida por el PCA? Me temo que sí: es la lógica de las intervenciones de Luis Ángel Torres y Hugo Delgado, ambos del MST, sobre los temas de la lucha contra la Ley 7 y la FMPR. Ante la política del PCA, Trotsky insistió en la necesidad de proponer un frente unido a todas las organizaciones de los trabajadores, independientemente de su liderato. Sus razones son las mismas que he tratado de explicar en este artículo y todo este debate. En el caso de Alemania, el PCA jamás rectificó su política. El resultado fue la derrota y el triunfo del fascismo. En Puerto Rico, ya hemos acumulado más de una derrota de 2008 para acá. Para cambiar de rumbo, es necesario rectificar cuanto antes.

Nota:

Mis artículos anteriores en este debate, “La encrucijada electoral: dos tácticas del socialismo en Puerto Rico” y “Otra vez, sobre dos tácticas del socialismo en Puerto Rico“, pueden encontrarse en la página del Movimiento al Socialismo: masenlucha.org. En dichos artículos, se encuentran referencias a otros artículos de 2010, igualmente pertinentes a esta discusión.

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Comments (1)

  • Carlos Claudio
    noviembre 2, 2011 at 8:47 am |

    ! Excelente artículo! Extremadamente diáfano.

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